Las enfermedades mentales se pueden prevenir y la mayor parte de los trastornos mentales, tienen hoy tratamientos eficaces y en general accesibles.

  

¡Algunos prejuicios sobre la enfermedad mental existentes en nuestra sociedad!

El prejuicio contra la consulta y el tratamiento especializados retrasa el diagnóstico de los trastornos mentales generando  agravación, cronificación y pérdida de calidad de vida. A todo esto se suma el peso económico que conlleva la necesidad de la utilización de recursos terapéuticos  más caros, por más tiempo, la necesidad de contar con recursos humanos más costosos en su formación y en su desempeño y con resultados escasos y a largo plazo. .

Actitudes que indican prejuicio sobre las enfermedades mentales

  • consultas tardías al médico especialista (psiquiatra), a pesar de haber sido derivado por otros especialistas o la  presión de familiares o amigos.

  • búsqueda de soluciones alternativas que generan por mucho tiempo consultas a distintos especialistas por quejas diversas centradas en el cuerpo, búsqueda de respuestas en medios no tradicionales como distinto tipo de ritos, adivinación, o lo que es peor consumo de alcohol o drogas..

  • Rechazo del tratamiento con psicofármacos en el caso de acceder a la consulta, poca   adhesión al mismo y  consulta irregular o aislada
  • Utilización del mote de “loco” o “drogado” para quien consulta a un psiquiatra o debe hacer un tratamiento con psicofármacos.

  • Utilización de la palabra “loco”  o “histérico” en el repertorio de insultos

  • Discriminación de los pacientes psiquiátricos a nivel laboral (dificultad de ascensos, incentivos, etc)

  • Dificultad de la reinserción laboral del paciente psiquiátrico, que por ello es considerado automáticamente portador de alguna discapacidad.

  • Intervención de la familia, amigos, etc, opinando sobre la pertinencia de la consulta o el abandono del tratamiento especializado o peor aún la sustitución del mismo por otras formas alternativas y no científicas de “soluciones” que denotan la poca conciencia de la enfermedad mental como un tema médico.

  • Tratamiento peyorativo del paciente psiquiátrico a nivel familiar o social que es objeto de chistes, burlas o motes, con menoscabo de su autoestima y el respeto en el desempeño de sus roles y actividades.

  • Derivaciones poco convincentes o tardías al psiquiatra por parte de otros especialistas por  temor a herir suceptibilidades de sus pacientes o por minimizar los síntomas, restándole importancia a lo psíquico como inexistente y postergable frente a la queja sobre el cuerpo, o por la poca percepción de los síntomas  por un manejo de negación fundado en sus propios prejuicios.
  • Servicios restringidos o limitados en las prestaciones de atención especializada en algunos seguros de asistencia médica

  • Prestaciones retaceadas o limitadas en algunos seguros de vida o de accidentes para quienes están en tratamiento psiquiátrico o tienen antecedentes de estos tratamientos.

  • Utilización  por parte de algunos integrantes del equipo de salud de palabras tales   como: “loquito”, “delirante”, “psicópata”, etc, para designar a sus pacientes en la jerga de trabajo.
  • Incapacidad del sistema tradicional de atención de la salud mental de adecuarse a las necesidades de la población en este sentido. Esta dificultad para reconocer el prejuicio existente  torna al sistema inaccesible, por la barrera cultural de la población, acentuando así su inequidad y atentando contra la oportunidad, adaptabilidad, continuidad, eficiencia, integralidad y universalidad que son los requisitos de una humana y buena atención médica.
     

 

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